Sobre conquistados y consquistadores

Todos hemos escuchado muchas veces aquello de “Dios los cría y ellos se juntan”. Normalmente viene acompañada de cierta entonación y retintín. Pocas veces lo he escuchado referido a un grupo de científicos en busca de una cura para el SIDA, o dirigido a aquellos que luchan por causas perdias. Más bien se escucha cuando vemos a un macarra o hablamos de un “merdellón”. También por qué no cuando se habla de un grupete de amigos con el don.

Sin embargo, esta frase es muy acertada. Un buen ejemplo se ve cuando un grupo de estudiantes de intercambio se conocen. Al principio se ve al mexicano hablando con el japonés, el chino, el americano o el senegalés. Al alemán con el francés (¿?), el peruano o el neozelandés. Al cabo de unas semanas se definen los grupos. Los eurpeos tienden a hacer piña con los europeos (y como si de un fractal se tratase, los alemanes con los alemanes, los epañoles con ellos mismos y así sucesivamente) y por ejemplo, los asiáticos entre ellos. Un grupo híbrido sería el de los Latinos. Y digo híbrido porque hay varias maneras de entender Latino.

Por latino se puede entender el habitante de cualquier país de habla latina, por esta regla hasta un rumano es latino. También, a veces, se entiende por Latino todo el que venga de un país al sur de EE.UU. O quizás cualquiera de América latina, el caribe y España (o península Ibérica).

Pensemos que por consenso meramente tácito entendemos lo anterior. Latino es el que sea de América latina (todo lo que esté al sur de EE.UU y España). Es un grupo curioso, bastante mestizo y diverso. Se puede encontrar desde el guatemalteco con “latifundios”, a un atleta ecuatoriano, a un español liberal. Al más rico y al más pobre. Al que lo baila todo y al que no baila nada. Ser latino es casi sinónimo de saber bailar, como poco, salsa.

Un grupo al ser tan diverso, también se encuentra a las personas que luchan por las raíces de su pueblo, o por las raíces de los nativos de su pueblo. Esto se traduce en que el Español se convierte entonces en conquistador. Y por consiguiente la otra parte en la conquistada. Tal y como ocurrió en 1492. Podría parecer que esto pueda ser la antecámara de un combate de boxeo, o una pelea callejera entre los mencionados merdellones. Sin embargo, no es ni más ni menos que otro tema de conversación en el cual hay, pero no hay consenso.

Los latinos (a los que les importa, o los que se interesan) dicen que conquistamos, casi señalando con el dedo. Los españoles responden con un arcoiris de posibilidades, desde “yo no iba en el barco” a “aquello ocurrió hace más de 500 años” o “porqué no hablas de las conquistas del presente” (EE.UU o civilización moderna conquistando nativos) hasta un “hablas español gracias a nosotros” u “pero si andabais en taparrabos y haciendo sacrificios humanos”…

Llegados a este punto me gustaría dejar claro, que yo so más de las tres primeras que de las últimas, que me parecen de mal gusto. Sin embargo, las últimas siempre las he escuchado en un ambiente amable y de chiste, aunque sean de mal gusto.

Así pues, el grupo de los Latinos está compuesto, simplificando al máximo, de conquistados y conquistadores. Para nada es esto un reflejo de lo que ocurriese hace 500 años, ahora las batallas son en la pista de baile y las suelen ganar los conquistados. Otras batallas pueden ser por ver quien juega mejor al fútbol, quien es el más gracioso, o simplemente quien aguanta más.

El grupo de latinos suele ser el más animado, acogedor, “real”, directo y probablemente honesto. Todo lo anterior, con permiso del grupo de indios (de la India). Es el que es capaz de unir al resto de grupos e integrar al resto. Ya sea por intentar agarrar, mojar, cachar o sea por pura diversión.

Siendo los españoles tan diferentes a los americanos-latinos, por ejemplo, socialmente estamos mucho más cerca a ellos que a los franceses, alemanes o a los nórdicos, pese a la distancia, todavía mucho nos une. Hoy en día tenemos mala imagen de la inmigración de América Latina, y es que en muchos lugares se mueren del hambre. El fin no justifica los medios, pero nos deja un “pero” en la boca.

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